Infiltraciones y exfiltraciones de aire no controladas

Infiltraciones y exfiltraciones de aire no controladas

Infiltraciones y exfiltraciones de aire

La entrada y salida no controlada (infiltraciones y exfiltraciones) de aire en viviendas y espacios de trabajo complica la gestión de la calidad de aire y el consumo de energía.

La toma de conciencia de tóxicos presentes en el ambiente interior lleva asociada la aparición de normativas para la mejora de la salubridad del aire.

También invita a reflexiones sobre cómo implantar sistemas de renovación y tratamiento de aire, que en ocasiones serán ajenas al acervo cultural de la población.

La inmensa mayoría de los edificios construidos en España son anteriores a la crisis del 2008, en la que explotó la burbuja del sector inmobiliario. Muchos de ellos no cuentan con un sistema de extracción de aire, o como mucho disponen de shunt para evacuación natural en baños y cocinas. La efectividad de estos métodos de renovación de aire es dudosa.

En cuanto a la hermeticidad de estos edificios, generalmente es precaria. El caudal por infiltraciones de aire entra desde el exterior de un modo incontrolado, por fisuras y ventanas poco estancas. Y vuelve a salir desde el interior por el mismo medio, arrastrando a su vez la energía empleada en calentar o enfriar el edificio.

Sin embargo, estas infiltraciones y exfiltraciones de aire también pueden tener como efecto secundario positivo: “la renovación de aire”. Y con ella la expulsión al exterior de los contaminantes del interior. Eventualmente también pueden introducir tóxicos procedentes del exterior.

 

El viento y las infiltraciones

El volumen de infiltraciones de aire en edificios poco estancos será igual al de exfiltraciones. Es decir, la cantidad de aire que entra será igual a la cantidad de aire que sale, aunque lo harán por fisuras distintas. La cantidad de aire que atravesará los espacios de residencia y/o trabajo dependerá del nivel de hermeticidad y de la diferencia de presión entre el exterior y el interior. En otras palabras, que principalmente dependerá de lo bien selladas que estén ventanas y persianas, y de la existencia de viento en la calle.

De este modo, en un mismo dormitorio ocupado, la concentración de CO2 emitido por sus ocupantes durante la noche puede ser insana o excelente. Será función de la calidad en los sellados, y/o de que haya viento en el exterior, o no.

No hay modo de gobernar o controlar ese volumen de aire, salvo que se invierta en la hermeticidad del edificio o de la vivienda. Y al no existir ese control, siempre tendremos la incertidumbre de si la calidad del aire que respiramos cumple con unos mínimos. Pero sí tendremos la seguridad de estar pagando dinero por calentar la calle en invierno.

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